Dramática actualidad de un pasado remoto

09/Dic/2013

La República por Egon Friedler

Dramática actualidad de un pasado remoto

Como lo explica el Prof. Bernard Lewis, uno de los máximos expertos en el Islam a nivel mundial, en una de sus brillantes conferencias, que puede encontrarse en Internet, no es posible comparar la división en el cristianismo entre el catolicismo y el protestantismo, con la principal división en el Islam, entre la Sunna y la Shía.Mientras la división en el cristianismo tiene un claro origen teológico, la rivalidad entre las dos principales corrientes del Islam fue motivada por una lucha dinástica, que solo más tarde tendría derivaciones religiosas.Después de la muerte del profeta Mahoma en el año 632 de nuestra Era se produjo una división entre sus seguidores que más tarde degeneró en una guerra civil. Mahoma no eligió un sucesor, pero antes de su muerte designó a su compañero más cercano, Abu Bakr para dirigir las plegarias. De este modo, Abu Bakr se convirtió en el “califa” o sea el delegado del Mensajero de Dios.Antes de su muerte en 634 Abu Bakr designó a Omar como su sucesor. Omar fue asesinado en el décimo año de su reinado, pero antes de morir alcanzó a nombrar a un consejo de seis miembros para que elija al tercer califa. El consejo eligió a Otmán, quien fue asesinado por rebeldes que lo acusaron de nepotismo. Finalmente en 656, el yerno del Profeta, Alí, fue designado califa. Sus opositores, principalmente miembros de la familia Omayah, lo acusaron de estar involucrado en el asesinato de Otmán y lo combatieron durante sus cinco años de reinado.El gobernador de Siria, Muawiya, se levantó en armas contra Ali y se proclamó a sí mismo como califa. Su hijo, Yazid, que le sucedió, dio la orden de matar al sucesor de Ali, su hijo Hussein.El asesinato de Hussein bin Alí y sus seguidores ocurrió en el Sur de Irak, cerca de la ciudad de Karbala, en el año 680. Esa fecha fue decisiva en la historia del Islam. Los ganadores, siguieron la línea de la Sunna mientras los perdedores se llamaron “Shiat Alí” o sea “la secta de Alí”. El conflicto, que tuvo un origen familiar, se convirtió en un gran cisma tanto político como religioso. El duro enfrentamiento, que ya lleva 1333 años, se ha convertido en nuestros días en una formidable lucha por el poder en el Medio Oriente.Arabia Saudita, que alberga La Meca, el lugar más sagrado del Islam, representa el poder de la Sunna (Tradición), mientras Irán es el único gran país shiíta. La revolución islámica de 1979 no solo fue una rebelión contra un gobernante pro-occidental sino que es también un audaz intento histórico de la Shía de desalojar a la Sunna de su posición mayoritaria y predominante en el Islam.Hay muchas cuentas pendientes entre la Sunna y la Shía. De hecho, los shiítas fueron perseguidos en todos los países musulmanes en los que no detentaron el poder.La teología y los ritos de ambas corrientes son diferentes. Incluso discrepan en la interpretación del Corán. Los shiítas sostienen que los sunnitas omiten dos capítulos del libro sagrado en los que consta que el liderazgo en el Islam fue prometido a Ali y a sus descendientes, mientras los sunnitas afirman que los mencionados capítulos no son más que una invención shiíta.En sus plegarias, los shiítas maldicen a los tres primeros califas por haber robado el cargo a Alí y agregan pasajes en los que exaltan al yerno del profeta. Por ello, muchos sunnitas, especialmente los más radicales como los wahabitas de Arabia Saudita, consideran que los shiítas son herejes.Como lo prueban a diario las noticias del mundo musulmán, el tema más conflictivo en el Medio Oriente, es hoy la confrontación entre la Sunna y la Shía. No solo se trata de la lucha de hegemonías entre Arabia Saudita e Irán, sino del agravamiento de todas las demás tensiones en el Medio Oriente. Por ejemplo, el régimen de Bashar Assad en Siria seguramente habría sido derrocado en algún momento en el año pasado, de no mediar el apoyo material y humano de Irán y sus aliados shiítas libaneses. En cuanto a la guerra civil larvada en Irak también es obvio que tiene un origen sectario y que enfrenta a las dos grandes sectas del Islam.Es una amarga ironía que en el siglo XXI un esotérico lío dinástico del siglo VII siga teniendo una dramática actualidad, causante de miles de víctimas, en lugar de ser una polvorienta y olvidada página de la historia.